martes, 14 de agosto de 2012

Las puertitas del señor Macri



Los dos proyectos de país en pugna estuvieron a la altura de sus circunstancias.
Mientras ayer la Presidenta disertaba en el Museo del Bicentenario junto al Premio Nóbel Joseph Stiglitz sobre la deuda externa, demostrando cómo se conduce un país sin tener que chocarlo en la primera curva, en la Ciudad de Buenos Aires, el caos y el desgobierno hacían de las suyas.
Todos lo sufrían, menos el señor Macri que, cual personaje de historieta, cerró las puertas a la realidad y se dio a la fuga.  
Esta Argentina que superó su propia crisis a partir del 2003, es una bandera levantada por  los pueblos que resisten la crisis en Europa y también por académicos del nivel de Stiglitz o Krugman que proponen el modelo  liderado por Cristina como única salida para la encrucijada que atraviesa el mundo.
Entre el orgullo nacional y la vergüenza ciudadana. Por esa cornisa anda la vida.    
El conflicto del Subte deja varias enseñanzas.
La principal es que de la vieja política no se puede ni se debe esperar absolutamente nada.
Y Macri, señoras y señores, es la vieja política.
¿Por qué? Por que antes de Néstor y Cristina Kirchner, estaba en la naturaleza de la política firmar una cosa con las manos hoy  y borrarla con el codo mañana.
La gente no creía en los políticos y los políticos, en una gran mayoría, no creían en la gente.
Es lo que hace Macri: pide que le devuelvan los Subtes, el Gobierno nacional se los devuelve, Macri firma el traspaso y luego los abandona en el primer andén.
No tiene palabra. No la respeta. No la valora. No la cumple.
Se puede ser de izquierda, de centro o de derecha. Pero para gobernar una comuna, una provincia o un país, hay que honrar la palabra.
En las antípodas está la obra maestra del neoliberalismo, signada por hacer añicos la palabra.
“Hoy digo una cosa, mañana otra”.   
En consecuencia, y por lo visto en estos días de caos y desgobierno porteño, Macri es claramente un heredero de esa subcultura política.
No creemos en la soberbia de los inspectores del voto de las mayorías. La mayoría de los porteños lo votaron dos veces a Macri para que ejerza la jefatura del gobierno local y hay que respetar ese voto.
Pero esta conducta ciudadana no nos inhibe de opinar y proponer que la próxima vez votemos mejor.
Macri no gobierna, se victimiza. Es un patrón amarrete, más que conservador; no arriesga nunca. No se juega por los ciudadanos de su aldea. Se fuga.
Tiene el síndrome de falta de liderazgo que está matando a Europa.
Cristina, en cambio, lidera un proyecto, tiene un pueblo a su lado y la voluntad necesaria para enfrentar adversidades y transformar la realidad.   
Es otra lección que el paro del Subte dejó en la superficie.  

El Argentino, martes 14 de agosto de 2012




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