domingo, 29 de enero de 2012

Malvinas, las cosas por su nombre




El regreso de la Presidenta inauguró definitivamente el calendario político 2012.
Su ausencia dejó ver dos datos significativos: el gobierno siguió gobernando y Cristina siguió creciendo en el índice de apoyo popular.
Así como es necesario recordar otras crisis internacionales, infinitamente menores a la actual, pero que caían como baldazos sobre la economía local, también es necesario acordarse de las épocas signadas por el tembladeral que causaba la sola carraspera de un presidente.
Nada de aquello ocurrió ni ocurre en esta nueva Argentina que se reconstruye desde el 2003.
Ya no estamos a la intemperie.
Por el contrario, el cuadro de situación actual permite avizorar cómo se consolida la nueva etapa política y social.
Alcanzaría, quizá, con preguntarse el origen de la agenda democrática aquí y en otras partes del mundo para contrastar las distintas realidades que se viven.
Queda cada vez más claro que Europa está en el horno con los tecnócratas financieros que pretenden fungir de mandatarios de países como Italia o Grecia. Sus mandantes no son los pueblos sino los grandes bancos y el FMI, como ocurría aquí hasta el 2002. Y queda claro, en consecuencia, que en América Latina las agendas de gobierno la escriben los representantes de sus pueblos y no las corporaciones.
Este dato habla de la plena vigencia de una categoría esencial para la nación y el pueblo: nuestra soberanía política.
El poder presidencial reconstruido por Néstor Kirchner, se ha consolidado con Cristina.
En este marco, la política de sintonía fina anunciada por la Presidenta marca el fin de los privilegios para los sectores de mayor poder económico. Eso explica la contraofensiva del cuco del “ajuste” por parte de los medios tradicionales de la corporación mediática. Advertidos que la balanza de la equidad social les haría perder algunas de sus prerrogativas, salieron rápidamente a azuzar con el miedo generalizado. Es una estrategia harto conocida. Lo hicieron todas las veces que se sintieron afectados por avances en nuestra cultura democrática y en nuestra calidad institucional. El ejemplo de la ley de medios es elocuente. El monopolio se defendió argumentando que “venían por todos los medios y no sólo por Clarín”. Lo más triste, sin embargo, es el reflejo de Pavlov que demuestran algunos opositores, incluida la progresía placeba, para con esas campañas.
Creceríamos como sociedad democrática si un reflejo semejante lo tuvieran con la voluntad popular y sus legítimos representantes; no con TN o Clarín. Allá ellos.
En la Argentina no hay ajuste para los sectores populares. Hay inclusión y mayor cuota de poder soberano, que es distinto. Pero como para hacer una tortilla hay que romper algunos huevos, los que ladran son los dueños de la gallina. Lo grotesco es que se sumen al ladrido los que están convidados a comer la tortilla.
La Argentina recuperó su agenda pública. Se discuten los temas trascendentes, los que impactan sobre la vida y el destino de la gente, sobre nuestra identidad. No se discuten las gansadas que dispara el cronista en la calle, manejado a control remoto desde la dirección del canal.
Los grandes medios ningunean los temas estratégicos, como Malvinas, porque esa causa une. Y todo lo que une el sentimiento del pueblo, es despreciable para el poder mediático.
Muy pronto conoceremos, por decisión de la Presidenta, el texto oficial del Informe Rattenbach. Algunas de sus conclusiones, obtenidas y difundidas en noviembre de 1983 por la revista “Siete Días”, son muy precisas. Ejemplos:
“El Capitán Astiz rindió su tropa al enemigo sin efectuar la debida resistencia. No se tiene conocimiento de que, en forma similar a lo indicado, el Comando en Jefe de la Armada haya ordenado la instrucción de un sumario”.
“El Comandante en Jefe del Ejército es responsable de empeñar al Ejercito Argentino, como parte del poder militar de la Nación, sin la necesaria preparación, en particular para la acción conjunta y sin la adecuada instrucción”
“En cuanto al racionamiento, hubo deficiencias para la preparación de la comida y su distribución, lo cual incidió negativamente en el estado físico y anímico de la tropa”
“La oportunidad libremente fijada por la Junta Militar para la recuperación de los Archipiélagos del Atlántico Sur, benefició fundamentalmente al enemigo”.
Más claro, imposible.
Es la hora de los argumentos serios y responsables.
En 1983 el Reino Unido dictó una ley que otorgaba la ciudadanía británica a los kelpers. Rodolfo Terragno propone como una nueva acción a desarrollar, que la cancillería denuncie esta situación ante la ONU ya que con esa ley se cae el argumento británico de que los kelpers son la tercera pata del conflicto.
Vale la intención, pero el gobierno del Presidente Alfonsín ya lo hizo el 18 de febrero de 1985, el mismo año que la Asamblea de la ONU rechazó dos enmiendas propuestas por el Reino Unido para incluir la indebida “autodeterminación” de los isleños.
Esta denuncia fue ratificada ante la ONU en 2007 por el entonces canciller Taiana.
Además, la ley citada ya no existe; fue sustituida el 26 de febrero de 2002 por otra llamada “ley de Territorios de Ultramar Británico- 2002” que concedió la plena ciudadanía británica para todos esos territorios colonizados, incluido Malvinas.
Es preciso seguir denunciando como se hizo oportunamente, la “Constitución del Territorio Británico de Ultramar de las Islas Malvinas (Falklands Islands)” aprobada el 5 de noviembre de 2008 por la reina Isabel II en el Palacio de Buckingman, presentada al Parlamento del Reino Unido el 12 de noviembre de ese año y convertida en ley el 1 de enero de 2009.
El capítulo 5 establece que la autoridad ejecutiva en las Islas Malvinas reside en la reina y se ejerce en su nombre por un gobernador elegido por ella.
El juramento con que asumen esos gobernadores arranca así: “Juro que voy a servir bien y verdaderamente a Su Majestad la Reina Isabel II, sus herederos y sucesores y el pueblo de las Islas Falklands…”.
¿Entonces? ¿De qué “autodeterminación” habla Cameron?

Miradas al Sur, domingo 29 de enero de 2012

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