domingo, 14 de marzo de 2010

PANORAMA POLÍTICO

La fuerza de un proyecto colectivo

Las placas del subsuelo más profundo de la sociedad han comenzado a moverse del lado de los justos.
No es éste un acto de fe, sino un análisis concreto de la realidad concreta.
Ahí está la masiva concentración de Plaza de Mayo para demostrarlo. Enaltece a periodistas de la talla de Sandra Russo, Barone y otros.
Pero esencialmente advierte sobre un fenómeno social que cuando aparece en superficie, suele indicar que un proyecto de nación hundió raíces en el sustrato de los sectores populares y de la clase media.
Cuando eso ocurre, es porque un cambio de época se ha consolidado o empieza a hacerlo.
Se dijo hace 2.500 años que una estrategia puede ser correcta, pero si no cuenta con una táctica adecuada, es un camino lento y dudoso hacia la victoria. Y que una táctica sin estrategias, es sólo el ruido que precede a una derrota estruendosa.
Este concepto milenario de la sabiduría oriental quizás ayude a entender algunos de los rasgos principales de esta coyuntura crucial para la Argentina.
El sentido de los vientos entró en turbulencia desde el momento que la Presidenta encaró con firmeza las políticas de redistribución de la riqueza.
La resistencia del poder económico mediático dobló la apuesta en cada ocasión en que vio comprometidos y amenazados sus antiguos privilegios, alcanzando su punto de escalada más alto en las elecciones del año pasado.
Sin embargo, la frágil naturaleza de la conformación opositora, les impidió cosechar el desempeño electoral logrado.
Por el contrario, la sólida argumentación de las filas oficiales, su unidad de concepción, su liderazgo político, su capacidad de acción, desbalancearon el traspié y recuperaron la iniciativa política a favor del gobierno.
La asunción del nuevo conglomerado opositor en el Congreso, la batalla por las reservas del Banco Central, el asalto a las comisiones del Poder Legislativo y la brutal embestida contra Mercedes Marcó del Pont, les hicieron presumir que empezaban una suerte de co-gobierno entre “la oposición” y el Ejecutivo, quizás como paso previo a un golpe palaciego que desaloje a Cristina del gobierno o como mínima, dejarla tan debilitada que las elecciones del 2011 terminen siendo un paseo para la restauración conservadora.
Y fracasaron.
No sólo porque en la primer pulseada parlamentaria malgastaron los cartuchos en una demostración propia del revanchismo reaccionario. Ni porque perdieron algunas de las voluntades que creían aprisionadas en el corsé de sectarismo y el odio. Ni porque se quedaron sin votos para echar autoritariamente a Marcó del Pont.
Sino fundamentalmente porque se quebró la apatía social con la que creían contar para garantizarse una victoria fulminante sobre el gobierno y sus representaciones legislativas.
En apenas una semana, cuatro veces y de manera masiva, los ciudadanos salieron a respaldar sin fisuras al gobierno nacional.
En Neuquén, convocados por el movimiento sindical peronista liderado por Hugo Moyano, se reunieron más de 20 mil personas.
En el Chaco, la reasunción de Néstor Kirchner a la presidencia del Partido Justicialista, convocó más de 15 mil personas.
En la cancha de Ferro, el Movimiento Evita que preside Emilio Pérsico, concitó la adhesión de un conglomerado frentista, progresista, mayoritariamente la izquierda del peronismo, como se acostumbra decir, que reunió una multitud cercana a las 60 mil almas.
En Plaza de Mayo, los seguidores del programa de la televisión pública, 6, 7,8, se autoconvocaron junto a miles de ciudadanos en defensa de Cristina y contra el golpismo mediático y político.
Son estos indicadores sociales los que señalan que el cuadro de situación comienza a definirse, ensamblando las políticas de cambio con el acompañamiento conciente de los sectores populares.
El hiato estimulado por los monopolios, se desvanece.
El factor tiempo es ampliamente favorable al gobierno, toda vez que el 2010 será un año de crecimiento económico en la Argentina y el espacio progresista, nacional y popular, se irá consolidando en torno al liderazgo de Cristina y Néstor Kirchner.
En la oposición ocurre todo lo contrario.
Nadie puede avanzar caminando hacia atrás.
Si la consigna que los une es solamente “no”, es difícil que puedan construir una propuesta propositiva que les permita constituir una alternativa de gobierno.
Además, sin causa justa no hay victoria duradera.
La fragmentación de las fuerzas opositoras, la falta de un programa común y de templanza en su dirigencia, la negación del país real, que los lleva a pelearse con la realidad, la ausencia de una estrategia común y lo que es más grave, la imposibilidad de poder construirla y erigir un liderazgo capaz de aglutinar las veinte tribus opositoras enfrentadas entre sí, parecería indicar que ha empezado el tiempo de descuento para la definición de la etapa. Y para el conservadurismo opositor.
El proyecto nacional es genéticamente rebelde y transformador. Mientras que la oposición sólo acumula por derecha. Aunque algunos vistan de progresía cómplice.
La profundización del cambio y su reverso, la voracidad opositora, es lo que moviliza a sectores que hoy ven amenazadas las conquistas sociales alcanzadas desde el 2003.
La táctica equivocada del rejunte opositor ayuda a la victoria del movimiento popular.
Poder aprovecharla es estar cada vez en mejores condiciones.
Un bloque unido, consolidado, con estrategia, con liderazgo, con una causa justa para defender y proponer, con una buena dosis de humildad y sin triunfalismos, son algunas de ellas. Y una militancia que haga docencia a tiempo completo.
En esos términos dialécticos podríamos encontrar la punta del ovillo para entender esta etapa.
La senadora Latorre ejerció la honestidad de valorar la trayectoria de Mercedes Marcó del Pont. Y tuvo el coraje de reafirmar que en las comarcas opositoras, hay un intento golpista.
Ya nadie podrá decir que esa denuncia es sólo un maniqueísmo oficialista.
Finalmente, la derrota oficial en el Senado, en la primera sesión ordinaria, terminó siendo una victoria para el modelo nacional.




Jorge Giles. Miradas al Sur. 14 de marzo de 2010

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